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feb 8

Publicado por: prensa uniminuto
lunes, 08 de febrero de 2010 

Simone Bruno en entrevista para Prensa Uniminuto, expresó desde las entrañas de un reportero gráfico lo que no se ha contado de la tragedia de Haití.

Simone Bruno, es periodista y reportero gráfico italiano, que cubrió la tragedia de Haití como medio independiente, durante 10 días en Puerto Príncipe. Simone es un periodista con un alto sentido social y humanitario. Vive en Bogotá hace 6 años y es candidato a Magíster en Estudios Políticos de la Pontificia Universidad Javeriana. Las fotografías y las denuncias de Simone sobre la verdadera situación en Haití han sido registradas en diferentes medios de comunicación.

“De Colombia viajé a Santo Domingo, con un amigo de CNN que iba también con la caravana de este medio para Haití. Alquilamos un carro para ir a Puerto Príncipe, el viaje fue muy largo. Al entrar a Haití se atraviesa una frontera que realmente separa dos mundos completamente diferentes, hasta la vegetación cambia, creo que la explotación de la vegetación en Haití ha sido muy fuerte, el paisaje es completamente distinto, sólo hay un larga carretera hasta llegar a un trancón increíble todos los carros estaban parados, la gente caminaba, caminaba y caminaba sin rumbo, la gente todo el tiempo estaba caminado y nadie sabe para dónde iban. No había controles a la entrada, todo el mundo pasaba a Haití, había redes abiertas, nadie nos pidió el pasaporte”, así inicia esta historia de Simone Bruno en Puerto Príncipe.

¿Cuál fue su primera impresión en Haití?

S.B.: Al llegar a Puerto Príncipe, al tercer día de ocurrido el terremoto, lo que más me impactó fue el primer día que salimos y dimos un primer recorrido, allí las imágenes que había en mi mente de lo que iba a ver y lo que ya había visto en los medios, se chocaron con la cruda realidad y fue bastante duro, fue muy impactante ver que nadie estaba escavando, nadie buscaba a nadie, era evidente la falta de ayuda internacional a los damnificados de Haití, empezaba a oler a cadáver y al día siguiente el olor era más fuerte, luego aumentó, hasta volverse permanente y esto se queda en la memoria.

¿Cuál es su visión política de Haití?

S.B.: Haití es un país que ha sido invadido, conquistado, y después ayudado con la misma violencia. La ayuda de la Misión Estabilizadora de las Naciones Unidas en Haití - MINUSTAH brasilera, es un tipo de asistencialísmo que de pronto no ayuda al desarrollo del país, varios cooperantes italianos y de otros países me confirmaron que en Haití hay una cultura muy particular muy diferente al resto de América Latina, había cooperantes con diversos proyectos como para el agua potable, en Bolivia les explicaban y la gente hacia las cosas solos, por el contrario, en Haití tocaba contratar la gente, la cultura se ha vuelto muy individualista, intenté averiguar el por qué, y la respuesta fue que siendo un país que ha vivido tanta violencia, ha tenido mucha cercanía con la muerte en la cotidianidad, que le hace ver la muerte como una cosa normal, cuando en Haití, se contaban los unos a los otros de sus familiares muertos, había una expresiones casi de sonrisa y no había una expresión de luto y de duelo que uno esperaría en una situación como esta, la cotidianidad con la muerte que casi se vuelve como una parte normal del día a día, hay un problema de asimilación de la violencia, que no se exprime con un duelo normal, pero que evidentemente después encuentra una forma de expresión, que está reflejado en la individualización y en la violencia que ha vivido el país.

¿Cuál es el actual conflicto político y humanitario en Haití?


S.B.: Estados Unidos se está aprovechando de la tragedia para golpear a Suramérica y especialmente a Brasil, país que estaba guiando la Misión Estabilizadora de las Naciones Unidas en Haití - MINUSTAH, que es la única misión de la ONU en el mundo que esta guiada por un país Latinoamericano. Lo que hizo Estados Unidos fue intervenir con 10 mil militares, 2.200 marines y tomar el control de la isla, intentando desplazar a los brasileros, allá hay un juego geopolítico, si uno mira la posición de Haití está entre Cuba y Venezuela, tener 10 mil hombres armados en Puerto Príncipe, un porta aviones y helicópteros evidentemente es una estrategia geopolítica que no tiene que ver nada con la ayuda a la isla.

¿Qué lo motivó como periodista a cubrir este tipo de hechos?

La motivación está en la profesión que uno hace, el periodista lo que quiere es estar en el lugar de lo hechos y en ese momento era la noticias más importante, también cuando selecciono lo que voy a cubrir se quiere y se intenta participar, y ver un proceso que me interesa y que me gusta mucho, como el cubrimiento de la minga indígena el año pasado. En Haití uno intenta ayudar desde la profesión y el derecho que tiene las personas a la información.

¿Cómo visualizó las diferencias sociales en Haití?

S.B.: En Haití lo más grave era la tragedia de las diferencias sociales. En Haití hay dos cosas, el barrio de los ricos está intacto, allí no ha pasado nada, ya que son construcciones muy buenas, mientras que por el contrario, la mayoría de los edificios, eran trampas mortales, como nos contaron los ingenieros y los socorristas colombianos, italianos y mexicanos, las estructuras de los edificios eran muy pesadas, no tenían columnas de concreto, se utiliza arena marina, que es mucho más pesada que la de río y que retiene mayor humedad, sin suficientes columnas en concreto con suficiente acero para sostenerlas, por tanto, cuando ocurrió el terremoto las columnas se despegaron del piso, del techo y se salieron, así que todos los pisos se cayeron unos sobre los otros, y la gente no tuvo tiempo ni de intentar salir, se murieron todos así aplastados.

Otra gran diferencia social fue el hecho que las Naciones Unidas, decidieron ayudar solo en los barrios donde estaban los internacionales, allá hasta de noche se trabajaba con excavadoras, equipo de rescatistas todo el tiempo, por el contrario en el centro de Puerto Príncipe ciudad que es un barrio de clase medio baja, nunca, nunca, nunca vi una excavadora, esta es una decisión terrible que tomó la ONU de salvar y de dar una prioridad a su gente, a los extranjeros y dejar morir a los haitianos que estaban atrapados en los escombros. Esto lo contaron muchos rescatistas internacionales que dijeron: no nos permitieron salvar a la gente, me acuerdo del Ingeniero Oscar, colombiano, luego de que ellos mismos rescataron a la señora del Hotel Montana, yo creía que los iba a encontrar felices, pero no fue así.

Oscar decía: deberíamos hablar de cómo se están manejando las ayudas y los rescates, cuando llegamos de la base logística, a nosotros nos encerraron en el hotel y al venir nuevamente a la base, vimos miles de personas pidiendo ayudas y no los pudimos socorrer porque no nos lo permitían. Es decir, la decisión de concentrar todas las ayudas en una sola parte de la ciudad, fue condenar a muerte a todos los otros. Oscar contaba que lo que siempre se hace en estos casos de acuerdo con su experiencia, es que los países se distribuyen las distintas zonas de la ciudad, y con la gente misma se organizan y empiezan a escavar. En Haití no fue así, vi en el Hotel Montana, cuatro grupos de rescate comiendo y sin hacer nada, porque allí había exceso de ayudas.

¿Por qué las donaciones en especie de todos los países no se distribuían?


S.B.: Esa era la misma impresión que uno tenía allá, era muy evidente que las ayudas humanitarias no llegaban a la gente, hablé con los encargados la distribución de las mismas, agua y comida, ellos estaban organizando las cosas de forma muy burocrática, tomaban imágenes satelitales, para ver dónde había más concentración de gente, e iban a tres de estos lugares cada día a entregar la comida, evidentemente no era suficiente, yo entiendo que había la necesidad de evitar los problemas de seguridad pública, estudiando lo que se va hacer para evitar desorden público. Además había una campaña de algunos medios en los cuales parecían que los haitianos eran monstruos que más que ayudarlos había que defenderse de ellos.

Llegaron los gringos y empezaron a distribuir las ayudas, hubo un problema diplomático, entre la ONU y los Estados Unidos, la solución que encontraron fue buena para todos, pero no para los Haitianos, se decidió que los Estados Unidos, entregarían ayudas humanitaria a los pueblos alrededor de Puerto Príncipe, y esto le permitió llevar en cada helicóptero dos periodistas entonces, a nivel mundial tuvieron cubrimiento los gringos que estaba ayudando a los haitianos, y por otra parte, la ONU decía que ellos eran los que estaba organizando las cosas, en fin total no paso nada, la ayuda tardo mucho más en llegar.

Después del terremoto, de los atrasos, de la falta de ayuda, de la falta de rescate, a pesar de todo este caso, de la situación en Haití era demasiado tranquila, pensando en todo lo que había pasado, los haitianos, eran amables, sonrientes, gentiles, me sentía seguro, siempre iba por las calles con mi cámara colgada al cuello, y nunca me pasó nada, por eso me molestaba mucho cuando se presentaban las imágenes de saqueos y de violencia que seguramente hubo, pero estamos hablando de Haití, no estamos hablando de París y de seres humanos sin nada, con más de 10 días sin comer y que antes del terremoto ya tenían sus problemas. Pero allí se reactivó mucho antes el comercio informal que las ayudas humanitarias, cuándo uno iba a los campamentos de los damnificados, allí se podían comprar Coca - Cola y cerveza, mientras que el agua de la ONU, donada por todos los países, aún no llegaba.

¿Cuánto tiempo durará la recuperación de Haití?

S.B.: Eso es imposible decirlo, porque intervienen muchos factores, puede ser que necesite unos 10 años, si la ayuda es realmente para ayudarlos de verdad, pero si la ayuda es como la que están recibiendo ahora, una ocupación militar, Haití no se va a recuperar nunca. Hay que trabajar mucho en que la gente se organice, se active, y hagan ellos mismos las cosas, sino se vuelve la típica ayuda de Europa a África y cuando se acaba la ayuda se acaba todo.

¿Por qué cree que los haitianos sonríen tan fácil luego de semejante tragedia?

S.B.: Esto me lo pregunté mucho, y no lo escribí, porque no hay como escribir sobre la cultura de la gente sin parecer que uno los está criticando. Yo no vi llorar a los damnificados, no vi llorar a nadie, esto conecta con la idea de la relación cotidiana con la muerte y la falta del duelo, por ejemplo cuando alguien muere en Haití, lo primero que se hace es sacarlo de la casa y esto creo es una mezcla de religiones dónde evidentemente el vudú tendrá algo que ver, el muerto se saca de la casa, el muerto se entierra rápido, la gente le tiene miedo al muerto, el duelo se vive de una forma muy diferente. Esto va a tener efectos en la sociedad a largo plazo y no sabría decir y me asusta pensarlo, una de las razones por las que había tantos muertos todavía en la calle, era un poco el miedo de la gente de cubrirlos y tocarlos. Obviamente sin olvidar la dificultad que tendría cualquier ciudad en el mundo en enterrar 12 mil personas, yo no creo que ninguna ciudad esta lista para hacer esto de un día para otro, pero obviamente esto se vuelve más grave en un país dónde la relación de los vivos y el miedo al muerto es muy profunda.

Al momento de capturar las fotografías ¿en qué pensaba, en lo ético, moral o profesional?

S.B.: Un poco todo, por un lado, tomaba fotos para acordarme de lo que estaba viendo, aún creo que no puedo olvidar muchas cosas, pero en mi cerebro pasaba algo como que al ver tantos muertos, además ya estaban inflados, deformados, mi cerebro en este momento no los registraba como humanos, entonces, no me conmovía viendo tantos muertos, la conmoción venía luego cuándo hablando con los otros, pensando que estas eran personas que estaban en clase en una universidad, me encontré con una monja colombiana que en frente de su casa había todavía 5 muertos tirados en el piso, que venía de un edificio del frente que era una universidad que se había caído. Uno piensa que eran jóvenes que estaban estudiando, parecían imágenes de Pompei, una ciudad cerca de Nápoles en Italia, dónde luego de una erupción los muertos quedaron como fósiles y en posiciones como pidiendo ayuda o intentando cubrirse de lo que les caía encima, a mi me daba la misma impresión, pero también, por la forma, por el olor, mi cerebro no los registraba como humanos en ese momento y luego tuve que elaborarlo posteriormente.

Lo que en cambio, si era lo más impactante, se veía en los hospitales, los niños heridos, esto era, realmente inaguantable, durísimo, tristísimo. Los verdaderos héroes del terremoto fueron los médicos, los médicos no dormían además, en algunos hospitales no tenían dónde dormir, aún si hubiesen querido, sus maletas estaba tiradas afuera de todos los médicos que llegaron de todas las partes del mundo, en algunos hospitales los médicos dormían debajo de las camillas de los pacientes. Hubo médicos que hicieron 80 operaciones en 8 días, y seguían sonriéndoles a los niños, a los pacientes ayudándoles con la mejor y la mayor voluntad, corriendo todo el tiempo de un lado para otro, por ejemplo, los Médicos Sin Fronteras, los médicos colombianos, me acuerdo de una doctora Mara, que estaba en el hospital de la ONU de la Cruz Roja Colombiana, al final de la historia los médicos son la nota positiva, aunque tuvieron que trabajar en condiciones terribles. Lo que hacían diariamente continuamente, todo el tiempo, las fracturas son muy complicadas de tratar, y aquí no hay los instrumentos, por eso lo que había que hacer eran las amputaciones, cientos de amputaciones.

Las fotos y los niños mucho sentimiento

Yo no quería tomarles fotos a los niños en los hospitales, pero como siempre a ellos les gustan mucho. Tomé unas cuantas y ellos sonreían, pero me imaginaba a mi en una situación opuesta, es decir, estar en un hospital después de vivir todo lo que habían vivido, y me respondí que si alguien hubiese llegado con una cámara de fotos yo me hubiera puesto muy molesto, y los haitianos no se ponían bravos, por el contrario eran amables y te daban siempre una sonrisa, entonces por esa aceptación de ellos, seguí tomando fotos de los heridos, sino obviamente no lo hubiera hecho.

¿Política y culturalmente que hay que hacer en Haití?

S.B.: Políticamente en Haití hay que volver a empezar, por un lado se entiende que el gobierno ha sido decapitado por el terremoto, se derrumbó el palacio presidencial y el parlamento del senado. Además el gobierno fue totalmente ausente después de la catástrofe , el Presiente René Preval era un fantasma, nunca lo vimos ir a los campamentos a darle aliento a la gente, por el contrario, viajo a Santo Domingo y cuándo se iba nadie se daba cuenta porque era un fantasma, que hablaba más con los medios internacionales que con nacionales. Lo que habría que hacer es crear una nueva clase políticamente sería, no se que tan fácil pueda ser, de pronto imposible, y culturalmente utilizar lo que se ve como negativo en una forma positiva, ver la amabilidad y la capacidad de soportar tragedias para de allí empezar a construir un nuevo Haití.

¿Este cubrimiento como le aportó en lo profesional?

S.B.: Hacer este tipo de cubrimientos es una escuela, uno todo el día debe ingeniarse las formas de poder hacer el trabajo, hay que crear, escribir en el piso, dormir en el piso, no hay nada de tomar, de comer, no había luz, no había conexión a internet, hay que ingeniarse todas las cosas.

Pero a nivel humano lo que me ha pasado es que al estar allá creía que estaba bien, pero al tomar la avioneta y llegar a Santo Domingo, en ese espacio al estar ya solo en el Aeropuerto de esa ciudad, empecé a darme cuenta que las cosas en mi no estaban bien, no tenía ganas de hablar, me daban ganas de llorar y llegando a Colombia, yo normalmente no peleo con nadie, pero tuve una discusión con una persona del Das y luego de la DIAN, evidentemente no estaba bien, y mi reacción fue volverme un poco intransigente, molesto, irritable y agresivo, en los días siguientes la cosa fue mejorando poco a poco cada día, pero lo que uno ve y vivió allá es algo que se va elaborando con tiempo. Esto es lo que se conoce como el estrés postraumático, pero uno se pregunta si esto me pasa a mi que estuve solo 10 días y los haitianos que están allá y continúan con su tragedia, aquí es dónde uno se da cuenta de la inmensa cantidad de ayuda que necesita la gente, no solo física, para superar como sociedad lo que ha vivido.

¿Cómo fue el papel de los medios de comunicación?

S.B.: Hay periodistas que fueron pésimos, tanto que se quedaron en Santo Domingo, y desde allí escribían sobre lo que no estaban viviendo, y reportaban mucha violencia en Haití, pero la mayoría de los periodistas que estaba en Puerto Príncipe hicieron un buen trabajo. No hubo censura para la prensa. Y compartíamos los mismos puntos de vista de la situación vivida.

En cuanto al tema de las ayudas, hay que recordar que en Italia hubo hace poco un terremoto y se rescataron vivas de los escombros 130 personas, fue un terremoto pequeño, pero en Haití con toda la ayuda internacional, se rescataron también solo 130 personas, esto es un punto que hay que analizar más, un dato de una tragedia más pequeña y se sacan vivas el mismo número de personas, es decir, aquí veo que la ayuda de los rescates no fue muy bien organizada en Haití.

¿Qué mensaje le daría a los jóvenes universitarios del periodismo?

S.B.: A quienes se están formando en comunicación en lo profesional, hay que ir al lugar de los hechos, hay que meterse con la gente, comer lo que comen, ensuciarse con ellos, respirar lo que respiran, oler lo que huelen para después contarlo. Y en la parte humana, lo más importante, es no acostumbrarse a esto, es decir, cuándo uno cubre varios hechos fuertes, hay que seguir emocionándose y no dejar que las cosas te pasen por encima y se vayan, hay que reflexionar y meterse en los pantalones de las personas de las cuales uno va ha contar la vida.

Esta experiencia de Simone Bruno, reportero independiente italiano, es una clara, directa, concreta y verdadera muestra de responsabilidad social, de actitud y vocación de servicio desde el ejercicio de la comunicación.


Fuente consultada: entrevista a Simone Bruno, reportero independiente Italiano en Colombia.
Por: Jeisson Tarquino, Andrés Torres, Giovanni Ramírez y Martha Isabel Hernández Aguirre.

Mayor información:

Martha Isabel Hernández Aguirre
Jefe de Prensa Uniminuto
Bogotá – Colombia
Cel: 3114804483 - Fijo: 2916520 Ext. 6631 ó 6656
martachester@gmail.com
mihernandez@uniminuto.edu
 

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