La llegada de los Monocultivos al país ha sido medida tan sólo en términos de crecimiento económico, en ese sentido, es válido preguntarse, ¿si estos incrementan la producción o la desigualdad?

Los monocultivos son grandes extensiones de tierras donde se concentra una misma especie con los mismos dueños. En Colombia, la llegada de este fenómeno ha sido medido solo en términos de crecimiento económico, dejando a un lado los costos sociales y de capital que genera esta industria para la sociedad civil rural del país y el medio ambiente. Uno de los antecedentes más relevantes en materia de monocultivos en Colombia, se remontan al año 2001 con el proyecto de sustitución de cultivos ilícitos del Plan Colombia, el cual se aprovechó para dar prioridad a proyectos de monocultivos como el cacao, la palma de aceite y el caucho (Contagio Radio, 2016). 

nota monocultivo

De lo anterior, es importante destacar que el Estado en función de erradicar el narcotráfico del territorio colombiano a través del Plan Colombia, dio prioridad a proyectos que no solo aumentan los niveles de contaminación, sino que también son una amenaza para los hábitos agrícolas tradicionales de los pueblos. La falta de control estatal en los monocultivos ha incrementado los índices de desigualdad en el país, puesto que erradica la posibilidad que tienen los campesinos para mejorar su calidad de vida. De igual forma, el oligopolio de los cultivos desplaza a los campesinos y absorbe cualquier intervención y competencia en el mercado. 

Marialabaja y Los Montes de María, subregiones del Caribe colombiano, han sido comunidades rurales que, ante el avance acelerado del cultivo de palma de aceite en la zona, ha provocado el traslado de cultivos tradicionales como el ají dulce, arroz de riego, fríjol, guayaba, coco y mango. Según la Red de Información y Comunicación del Sector Agropecuario de Colombia (Agronet), el área sembrada de palma pasó de 5.800 en 2007 a 22.044 en 2016 (El Universal, 2018, párr. 2). Este desplazamiento pone en evidencia no solo el despojo de un medio de subsistencia, sino de una forma de vida colectiva con saberes ancestrales que identifican a la población con el territorio. 

Las comunidades rurales en Colombia no cuentan con accesos a servicio mínimos o básicos que debe proporcionar cualquier  Estado a la sociedad civil, aun así, los campesinos de Palo Altico, una vereda rural de Marialabaja a pesar no contar con acueducto ni agua potable, ese nunca fue un problema para ellos durante varias décadas, ya que se abastecían de los ríos, recogían de los pozos y en ocasiones el agua que caía del cielo era tan valiosa como una nueva cosecha después de la sequía. Los habitantes de este territorio hacían uso de esta para cocinar, lavar y hasta bañarse, nunca hubo escasez y mucho menos la denuncia de alguna enfermedad, hasta que llegó la palma africana acompañada del monocultivo y con ella todos los males que hoy preocupan a los residentes de esta vereda (Semana, 2017). 

Los monocultivos en las últimas dos décadas han generado profundas transformaciones en la estructura productiva campesina de la región de los Montes de María bolivarenses, por la implantación de monocultivos a gran escala, secundada por el apoyo estatal, y por las consecuencias del conflicto armado, que, de manera grave, azotó a esa región, situando a las comunidades en un contexto de vulnerabilidad que ha creado rupturas y afectaciones a sus métodos tradicionales de subsistencia (Arrieta, Marún y Medina, 2016, P. 98). 

Las brechas de desigualdad internas incrementan por las consecuencias que generan los monocultivos para la población vulnerable ante las acciones de grandes inversionistas extranjeros y que se agudizan cuando el Estado no ofrece garantías sólidas para proteger el patrimonio cultural y económico de las familias campesinas. Las políticas públicas formulan un desarrollo donde los campesinos no están incluidos y que benefician al crecimiento ingobernable de la industria.

Es importante resaltar que según la organización de las Naciones Unidas (ONU) (como se citó en La Crónica Quindío, 2018), los campesinos con menos de cinco hectáreas de tierra son quienes producen el 70% del alimento a nivel mundial, por lo que estos monocultivos realmente no aseguran la soberanía alimentaria, porque son cultivos para la exportación [..]. De lo anterior, se puede afirmar que aun cuando los monocultivos son capaces de realizar grandes cantidades de producción, aportan una proporción limitada al Estado, porque estas empresas en su mayoría son de carácter privado. 

Finalmente, para lograr el desarrollo de la nación, es importante reducir los índices de desigualdad que ocasionan estos proyectos y el modelo de desarrollo impuesto por los gobernantes. Se debe delimitar a nivel local de forma urgente las políticas públicas que expide el gobierno para fomentar el crecimiento económico y que estas políticas sean re-elaboradas de igual forma en compañía del desarrollo colectivo y teniendo en cuenta las condiciones de vida económica y ancestral de estas personas. Si como nación no se está preparado para lo que se recibe, se olvida de aquello que se tiene que en ocasiones es mucho mejor. Por ello es importante promover el desarrollo local y formular un desarrollo incluyente y sólido. 

 

Redactado por: 

Brindy Cantillo Severich 
Columnista de Deliberar

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